lunes, 13 de septiembre de 2010

Oda a la muerte

Este va a ser mi primer post, espero y no sea el último ya que soy muy flojo para escribir aunque me encante.

Querida muerte:

Viniste hace tres años y no regresaste más. Tú sabes que todavía tenemos una cuenta pendiente. No tenías llaves ni yo un candado para que lo abrieras. Nunca antes había experimentado lo que tú me hiciste sentir ese día.

Recuerdo que fue un jueves trece. Estuviste dos meses rodando en los pasillos de la casa y del hospital, no te atrevías a abrir la puerta. Igual que yo, para evitar ver esa cruda realidad. Solo mirabas nuestros rostros de desazón para regocijarte de tu excelente labor.

Me cambiaste la vida por completo. Modificaste esa personalidad de chico alegre al de un ser frívolo y desconfiado. Te cuento que estoy volviendo a ser él mismo de antes. Aunque usted no lo crea.

Te respeto, pero dudo que tú a mí. Mientras yo era juzgado por dos seudo-eruditos profesionales, tú juzgabas -y condenabas- al ser que yo más quería.

Tramaste, hiciste y lograste que me derrumbara. No existía ni existe aún consuelo alguno para aquella tristeza. Clavaste el puñal y huiste como el más vil criminal.

Detesto saber que subsistirás más que yo. No toques mi puerta, no abriré; tampoco llames, no contestaré. No me mandes un correo jamás lo responderé.

Ten la amabilidad de avisar si vas a volver. Quiero estar preparado. No te lleves a mi papá, menos a mi mamá. Si tú deseas llévame a mí, me da igual, estarías concediéndome un gran deseo, volver a ver a mi abuelo.

Con cariño y desprecio

Jairo

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